La ecuación a veces es fatal. Ya es tarde, estás en el súper y tu pequeño quiere llevarse uno de esos lindos juguetitos/dulcitos que a las tiendas de autoservicio tanto les gusta poner justo antes de las cajas.

Decides que no se lo puede llevar porque ya va a comer, o porque no se puede llevar todo lo que quiere (por la razón que desees). Aquello se vuelve un espectáculo donde pareces un pulpo tratando de detener a un pequeño ser frenético que se avienta al piso gritando desesperado como si le estuvieran haciendo daño.

Por supuesto que no es la primera vez que ocurre. Y claro que la gente se queda mirando como si fueras la peor madre del mundo y tu hijo el más malcriado de la historia de la humanidad.

Primero que nada, no lo eres y toda esa gente que se te quedó mirando no es la primera vez que ven un berrinche. Segundo, las reacciones de tu chiquito son algo que ni él mismo puede controlar.

Como el Dr. Harvey Karp lo explica en su libro The Happiest Toddler on the Block, los niños de 1 a 4 años son como pequeños primitivos salvajes e incivilizados porque sus cerebros no han alcanzado la madurez necesaria para entender un “no”. Mucho menos, las razones de ese “no” tan absoluto que a las mamás nos gusta decir tan fuerte.

Imagina a un señor de 50 años furioso por cualquier cosa de trabajo. Si éste en muchas ocasiones pierde el control y puede terminar gritando y aventando cosas, imagina lo que ocurre con un niño de uno o dos años que no tiene fisiológicamente las herramientas para entender las cosas.

Cuando algo se dispara en su cerebrito todo se desmorona y la nave pierde por completo el control. Por eso se tiran al piso, rasguñan, gritan y hacen todo tipo de movimientos bruscos como una nave averiada.

Según el Dr. Karp, pediatra reconocido, existen cuatro razones por las que nuestros pequeños tienen las cosas complicadas:

  1. Nuestra forma de vivir es muy rara para ellos… vivimos en departamentos, con espacios pequeños. Según el autor es como invitar a Tarzán a vivir a tu casa.
  2. Todo el día viven en un desbalance. Es decir, por un lado su instinto es explorar y entender cómo funciona TODO. Por otro, está el adulto neurótico pidiéndole que por favor se baje, no toque, no rompa. Hasta que la bomba estalla.
  3. Su comportamiento normal, es lo que hace que se porten mal. ¡Son niños!
  4. Su temperamento hace que reaccionen exageradamente.

Si bien los niños son muy inteligentes y pensantes, no podemos pretender que tienen la madurez o capacidad de entender las cosas como un mayor. El psicólogo Thomas Phelan, autor de 1-2-3 magic, explica que muchas veces asumimos que son pequeños adultos.

Nuestras largas explicaciones de por qué tienen que compartir, dejar de hacer un berrinche o bajarse de la mesa no cumplen su función. A los niños, agrega, hay que explicarles con frases cortas. Bajar, caer, peligro, golpe son cosas que pueden entender.

Es frustrante para nosotros como padres. Sobre todo cuando estamos en público, cuando estamos muy cansados y no tenemos suficiente paciencia para guardar la cordura. No estoy diciendo, definitivamente, que yo haya logrado entender todo esto que les estoy contando. Pero una vez que partes de esta idea, creo que empiezas a ver a tu pequeño con otros ojos.

A la niña de mis ojos le puede durar una hora estas crisis. Lo que he notado es que siempre se disparan cuando tiene sueño. En realidad esta etapa es una especie de adolescencia. Viven retándonos, tratando de ver los límites y tratando de descubrir qué pasa a su alrededor. Esto, mientras miles de millones de conexiones nerviosas están en constante evolución.

¿Cómo lidiar con los berrinches? Yo lo veo así…

  1. Si estás en público, que no te importe lo que piense la gente. En verdad que se nos olvida, pero todos fuimos niños alguna vez.
  2. Trata de ver qué es lo que detona sus rabietas. Si es el cansancio, no lleves un niño con sueño al súper, por ejemplo.
  3. Si tu peque ya está frenético, no te pongas histérica tú que eso solo empeora todo.
  4. No es el momento de dar lecciones, espera a que se calme. A veces, darle un chocolatito ayuda. Una vez que se haya calmado podrás aleccionarlo y platicar.

A veces lo pienso así… Si yo quiero llorar por el tráfico, o por que estoy cansada y ya soy un adulto… Definitivamente mi hija de dos años tiene más derecho a hacerlo. Así que me calmo y trato de guardar la cordura un día más.

Se escucha con mucho pesar. Si bien las rabietas, berrinches y retos forman gran parte de esta etapa, también es cuando empiezan a hablar y a demostrar todo lo que entienden. A enseñarnos ese mundo que solo los niños ven. Así que ánimo, que esto es solo el principio.

Escrito por Stephania Corpi — October 01, 2014

Comentarios

Juan:

.

October 02 2014 at 04:10 PM

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