Desde que nuestro bebé llega al mundo, el tiempo que pasan dormidos es de suma importancia para su crecimiento y desarrollo correcto. Al principio pasan la mayor parte del tiempo dormidos, pero con el pasar de los meses sus patrones de sueños se reajustan. Los primeros meses son los más cansados para los papás, ya que el bebé se despertará en intervalos irregulares pero breves durante todo el día.

Hay muchos factores relevantes a considerar al momento de permitir que nuestros bebés duerman cómodos, entre ellos el ruido, la cantidad de luz y la temperatura. Uno de los primeros temas que surgen al momento de iniciar a implementar una rutina de sueño es al momento de decidir a qué edad pasar al niño a un cuarto separado de los papás. Los pediatras recomiendan que alrededor de los 5-6 meses el niño será capaz de dormir solo y es a esta edad en donde la separación de los padres no causará mayor impacto.

Adicionalmente, permitir que durante el día el niño pase tiempo en su propia recámara al momento de hacer sus siestas también lo acostumbrará y permitirá que esta transición sea menos radical, permitiéndole acostumbrarse a ese ambiente desde un principio. Es también alrededor de esta edad cuando los bebés ya lograron establecer una rutina de sueño donde al menos duermen por periodos más prolongados y ya sin despertar por las noches, aunque esto varía dependiendo de cada bebé.

Para que al bebé no le cueste trabajo dormirse, es importante establecer un ritual que logre establecer la regularidad necesaria para su relajación. Mientras son pequeños, entre 3 y 4 meses,  bañarlos y ofrecerles una mamila con leche y posteriormente cantarles o dejar música en volumen bajo servirá para calmarlos. Posteriormente, conforme vayan creciendo, incluir un momento de lectura, con historias breves, libros ilustrados que el bebé pueda manejar o fotografías donde pueda identificar a sus familiares y experiencias que haya tenido también ayudan a indicarle que es hora de dormir. A nosotros nos ha funcionado muy bien que sea su papá el que lo acuesta, así tienen unos momentos solos, platican y establecen una conexión personal.

La Dra. Jodi Mindell, del Sleep Center en el Children’s Hospital de Filadelfia, comparte sus descubrimientos acerca de los comportamientos de sueño de niños, desde recién nacidos a aproximadamente 3 años de edad. Uno de los primeros datos que comparte es que los bebés no desarrollan la hormona que les da la sensación para identificar periodos de sueño y vigilia hasta entre las 6 y 10 semanas, lo que explica por qué los recién nacidos tienen patrones de sueño tan irregulares. Alrededor de los 3 a 4 meses de edad, el tiempo promedio de sueño pasa a ser de entre 8 y 12 horas durante la noche y de 3 a 5 horas durante el día.

La Dra. Mindell también sugiere que las rutinas de sueño pueden empezar a ser establecidas a partir de los 3 meses, pero desde antes puede empezar a enseñarle al niño que cierta rutina lleva a la hora de dormir. A partir de los 3 meses, se recomienda que los niños vayan a la cama inclusive antes de las 9 de la noche, ya que se ha comprobado que esto lleva a que se queden dormidos más fácilmente, se despierten menos durante la noche y duerman más.

La mejor recomendación será siempre tomar en cuenta lo que el niño nos vaya manifestando es su preferencia. Puede ser que prefiera cenar primero y que después se bañe o viceversa, o que lo acompañe su peluche favorito. El conocimiento que tengamos de nuestros hijos es lo que nos ayudará a determinar cuál es la mejor manera de acompañarlos en esa transición del día a la noche y acompañarlos a descansar para iniciar un nuevo día de descubrimientos, nosotros los padres a través de los ojos de nuestros hijos. 

Escrito por Isabel Morteo — July 16, 2014

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